El Estado Islámico: un actor local con poder global.

English version

Históricamente, Medio Oriente ha sido una región con complejas tensiones a nivel político, económico y social. Sin embargo, la instauración de un gobierno de facto en parte de Irak y Siria por una organización terrorista que amenaza por extenderse al resto del mundo musulmán, ha despertado alarma y preocupación en la comunidad internacional; sobre todo al darse a conocer las crudas y violentas estrategias represiva que el Estado Islámico usa para lograr sus objetivos y el retroceso que la difusión de sus doctrinas significaría en relación con los pequeños avances que se habían logrado en materia de derechos humanos y dignidad de la persona en los países árabes.

Orígenes.

Los orígenes del Estado Islámico se remontan al inicio de la guerra en Irak, al surgir como una organización terrorista de composición mayoritariamente sunní, contraria a gobiernos de corte chiíe y a la participación de los Estados Unidos y de tropas extranjeras en Irak. En 2004, unió fuerzas con Al-Qeda y Osama Bin Laden, llevando a cabo actos terroristas y aumentando su papel en la guerra, con el objetivo de consolidar su presencia en Irak y crear un Estado Islámico en Medio Oriente.

Con el desarrollo de la guerra civil en Siria, los yihadistas aprovecharon la inestabilidad y la división del país para conquistar varias ciudades sirias, a través de actos terroristas, masacres y la lucha armada contra tropas tanto del régimen de Bachar Al-Asad como de los diferentes grupos rebeldes o de la oposición Siria. Si bien en este período, Al-Qeda y el Estado Islámico se separaron, éste último adoptó una estrategia expansionista cuyo objetivo era extender el Califato y su “visión del mundo” al resto de la civilización musulmana.

Es importante recordar que los militantes del Estado Islámico, no son una simple guerrilla armada o un grupo mercenario paramilitar que se mueve a partir de una elemental idea de Estado o de un interés económico. El Estado Islámico es un ente es más complejo. Es una organización terrorista en la que sus líderes han desarrollado una distorsionada visión religiosa-política para la radicalización y adoctrinamiento como mecanismos de refuerzo para cumplir una supuesta “misión divina”.

En su búsqueda por instaurar un califato basado en el cumplimiento radical de la ley Sharia, el Estado Islámico ha recurrido a una política de cero tolerancia religiosa manifestada en el maltrato y en el genocidio de grupos religiosos que no han aceptado convertirse a la particular corriente del Islam profesada por ellos; la ocupación violenta de poblados y territorios colindantes; el adoctrinamiento forzado de las poblaciones que están bajo su poder; el establecimiento de una doctrina que reprime los derechos de la mujer y margina su participación en la sociedad; y la realización de actos violentos como masacres, genocidios, decapitaciones, secuestros, violaciones y tráfico de personas.

Situación en Iraq y Siria.

La expansión de este grupo en Irak y Siria se agravó por la compleja combinación de factores que actualmente marcan a ambas sociedades, tales como la guerra (Irak está casi saliendo de una y Siria está inmersa en una guerra civil); la presencia de sistemas políticos inestables y débiles que carece del apoyo social necesario;  la coexistencia y el choque entre etnias y grupos con diferentes identidades religiosas; las marcadas desigualdades sociales entre la población; la ausencia de un Estado de Derecho sólido que garantice de manera eficaz los mecanismos para la protección de los derechos humanos; el agravamiento de las pésimas condiciones económicas y el fuerte papel de la religión en todas las esferas de la vida social, entre otros.

Por otra parte, un factor  de peso en el desarrollo de este conflicto han sido las fuertes tensiones regionales e históricas de ambas naciones con sus países vecinos, así como la tardía reacción de la comunidad internacional para implementar cualquier acción en dicha zona, tanto por los intereses geopolíticos existentes como por las posibles repercusiones en sus propios territorios.

Medios de subsistencia.

Un factor clave para la permanencia del Estado Islámico ha sido la capacidad económica para financiar sus operaciones. La organización ha logrado controlar la cadena de producción y de suministro del petróleo en importantes regiones de Irak y Siria, lo cual le ha permitido, de forma simultánea, vender clandestinamente miles de barriles de petróleo con ganancias de hasta un millón de dólares diarios y dañar  la capacidad productiva petrolera de ambas naciones. También han recurrido al secuestro, la extorsión y el tráfico de personas como canales alternativos de financiamiento.

Además, el Estado Islámico ha logrado una cobertura mediática a nivel global a través de una agresiva campaña en la que maximizan el uso del internet y de las redes sociales para difundir sus mensajes y videos (incluidos video de decapitaciones), así como reclutar miles de seguidores y de militantes de muchas partes del mundo, en particular provenientes de países desarrollados.

Capacidad de respuesta de los actores externos.

En estos conflictos ha sido muy importante la capacidad o  incapacidad de respuesta de los actores externos, en particular del mundo occidental. Las agencias de seguridad nacional de las naciones democráticas observaron durante meses el comportamiento de los yihadistas del Estado Islámico; sin embargo, no lo consideraron como una amenaza de suficiente peso.

Es precisamente este punto uno de los más críticos a la hora de abordar una crisis; es decir, identificar un posible foco de conflicto y no contenerlo antes de que se expanda.

En el entorno globalizado en el que nos encontramos,  subvalorar la capacidad de acción de actores locales como los militantes del Estado Islámico, crea la posibilidad que en el mediano o  largo plazo, con las herramientas y los estímulos necesarios, éstos puedan convertirse en protagonistas con proyección, alcance y repercusión internacional.

Que el Estado Islámico  se haya convertido en  un actor internacional con poder económico, con  miles militantes en todos los continentes, con una impresionante red de actores a nivel local e internacional; se debe en gran parte a la tardía reacción que tuvieron las naciones democráticas  que no lograron contener este fenómeno en sus primeras manifestaciones de peligro y que no supieron establecer límites inmediatos y sólidos a su expansión.

Quizás si las naciones democráticas hubieran actuado desde el inicio de la Guerra Civil en Siria, dando un apoyo más sólido a la oposición moderada e implementado políticas efectivas para evitar el fortalecimiento de los grupos radicales, se hubieran evitado muchas muertes y actos de violencia. De igual forma, si se hubiera invertido en la creación de gobiernos democráticos incluyentes, con sólidas bases sociales y con respaldo internacional tanto en Iraq como en Siria, probablemente el Estado Islámico no tendría la fuerza y la proyección actual.

Reacción de la Comunidad internacional.

Una vez desarrollada la crisis, la actuación de Occidente se ha basado en un modelo de seguridad colectiva o multilateral, que propuso  la formación de una coalición internacional en la que participaran actores regionales directamente afectados por el conflicto y países líderes con intereses geopolíticos estratégicos en la zona.

Sin embargo, aun cuando el mundo occidental no ha reaccionado con la fuerza o la prontitud que exigía esta grave crisis, los estados democráticos al menos han demostrado no querer permanecer ajenos a las graves violaciones de derechos humanos hechas por el Estado Islámico.

De hecho, la comunidad internacional tiene la obligación de ejercer el principio de la “responsabilidad de proteger”, que de acuerdo con la ONU, consiste en que, en los casos en que  resulte evidente que un Estado no protege a su población, la comunidad internacional pueda adoptar medidas colectivas para utilizar los medios diplomáticos, humanitarios y otros medios apropiados para proteger a las poblaciones del genocidio, los crímenes de guerra, la depuración étnica y los crímenes de lesa humanidad, así como de la incitación a ellos.

Es por este motivo, que aunque se ha evitado el despliegue de tropas, se está intentando potenciar a los actores locales a través del apoyo logístico, la presencia de unidades de operaciones especiales y el otorgamiento de equipos y armas. Por su parte, los países árabes se han mostrado muy cautelosos al abordar la crisis para evitar que la situación se expanda a sus territorios. Por ejemplo, el papel de Turquía se ha enfocado en la ayuda humanitaria y en la recepción de miles de refugiados, pero trató de evitar al máximo involucrarse en el apoyo militar a la coalición no sólo por el temor a represalias directas por parte del Estado Islámico contra sus territorios y poblaciones, sino también por el delicado problema político que representa para Turquía la comunidad kurda.

Una región que ha desempeñado un papel importante en la contención del Estados Islámico ha sido el Kurdistán: una de las principales zonas productoras de petróleo en Iraq, que es considerada un cuasi-estado dentro de la nación iraquí y que podría llegar a convertirse en un Estado propio. Los kurdos residentes en diferentes zonas de Medio Oriente (Iraq, Siria, Turquía, etc) se han alistado para luchar contra los militantes del Estado Islámico con el objetivo de evitar que sus poblaciones sean sometidas por los yihadistas; y al ser una de las de las pocas fuerzas regionales activas en las zonas de combate, han empezado a recibir apoyo internacional por parte de países como Alemania y los Estados Unidos.

A los países occidentales les preocupan la participación de sus ciudadanos en las filas del Estado Islámico, así como, en temas de seguridad nacional,  las posibles repercusiones que podrían tener en sus territorios la contención del Islam radical y los peligros de la proliferación de  “lobos solitarios” que realicen actos terroristas en nombre del Estado Islámico. Asimismo, no desean perder esferas de influencia en esa zona e intentan asegurar que las importantes reservas de petróleo del Medio Oriente no caigan en manos de grupos terroristas como el Estado Islámico o de una naciente Califato en la región.

En conflictos como los de Siria e Irak, así como aquellos en Ucrania, los países occidentales se han dado cuenta que no pueden desatender o subalorar los acontecimientos locales que ocurren en una determinada región porque en la actualidad, especialmente con la globalización, un mínimo descuido puede transformar esto eventos en problemas globales con afectaciones directas a los intereses o a la seguridad nacional de cualquier país del planeta.

Deja un comentario