La APEC y los gigantes del Pacífico.

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La semana pasada, los reflectores internacionales se dirigieron al Asia Pacífico, una región que concentra el 54% del PIB mundial y el 44% del comercio mundial (Secretaría de Economía, 2014) y que cuenta con la participación de importantes países como Estados Unidos, China, Rusia y Japón. Los 21 líderes de la región Asia Pacífico se reunieron en la cumbre de la APEC 2014 para llevar a cabo importantes negociaciones a nivel bilateral y multilateral referentes a la cooperación económica, la promoción de inversiones y el fortalecimiento del comercio internacional.

En esta cumbre, China y Estados Unidos han logrado entendimientos para la eliminación de aranceles para productos de alta tecnología, han avanzado en la política de visados y buscan desarrollar nuevas estrategias para aumentar la cooperación en materia del medio ambiente contra el cambio climático.

En este contexto, cabe destacar el interés mostrado por  China para una mejoría de las relaciones con otros Estados. Uno de los ejemplos más emblemáticos fue el gran paso a nivel diplomático que el gobierno chino y Japón dieron para comenzar a normalizar sus relaciones y disminuir las tensiones en lo referente a la disputa territorial sobre las islas Diaoyu o Senkaku en el mar del Este de China.

Durante esta cumbre de la APEC se puedo observar como se ha reforzado el acercamiento entre Rusia y China por medio de la realización de importantes acuerdos comerciales, con miras a atenuar la dependencia que ambos países tienen hacia los países occidentales. Entre otras cosas, Rusia busca reorientar una parte significativa de las ventas de gas ruso al continente asiático, a la par que China intenta garantizarse un suministro más estable y largo plazo para cubrir su demanda energética, para lo cual se prevé la construcción de nuevos gaseoductos y labores conjuntas en materia de hidrocarburos.

Además, en el marco de este fórum, China ha logrado finalizar negociaciones para materializar un acuerdo de libre comercio con Australia y de reducción de aranceles con Corea del Sur. Así mismo, con relación a la América Latina del Pacífico, México y el país asiático han firmado varios acuerdos bilaterales en los rubros de energía, infraestructura, alta tecnología y turismo, y se limaron las asperezas referentes a la cancelación por parte de México de una multimillonaria concesión en infraestructura.

Un punto clave en materia de relaciones internacionales han sido los acuerdos regionales de libre comercio y de integración promovidos, de forma separada, por China y Estados Unidos. El gigante asiático ha recibido el respaldo de los miembros de la APEC para la creación de una “Zona de Libre Comercio para Asia Pacífico” que revitalice la antigua ruta de la Seda y consolide el recientemente creado Banco Asiático de Inversiones en Infraestructuras. Sin embargo, su tratado no contaría con la presencia de Estados Unidos y Japón.

Por su parte, Estados unidos ha intentado aumentar su participación en la zona a través de avances en las negociaciones del “Acuerdo Estratégico Trans-Pacífico de Asociación Económica”, si bien un tratado más reducido en el que participan países asiáticos y americanos (Australia, Nueva Zelanda, Singapur, Japón, Malasia, Estados, Unidos, Canadá, Chile, Perú, México, Brunei y Vietnam) pero de gran peso estratégico para el desarrollo de la industria y el intercambio comercial de EEUU, que permitirá contrarrestar la creciente expansión e interés económico de China en esa zona.

Las propuestas chinas y americanas encaminadas a desarrollar tratados de libre comercio en la región del Asia Pacífico reflejan la evolución de fenómenos de gran relevancia en el orden internacional, dado que en los últimos años, China y Estados Unidos han estado proyectando su política exterior en materia económica hacia las zonas de influencia del otro actor; al mismo tiempo que excluyen la participación de su contraparte en sus respectivos tratados de integración económica.

Esto se debe a que en muchos países del continente asiático, China desempeña un papel muy similar al que tiene Estados Unidos con los países latinoamericanos. Ambos potencias son socios comerciales vitales para muchos de sus vecinos regionales en cuanto a volumen de exportaciones, monto de inversiones y canales de financiamiento, entre otros. Así mismo, desde el punto de vista político ambos países tienen una influencia importante en el desarrollo de las relaciones internacionales de sus vecinos y en la toma de decisiones en los organismos regionales e internacionales.

En las últimas décadas China ha ido aumentando gradualmente su presencia en América Latina, al convertirse en uno de los principales compradores de materias primas de los países latinoamericanos. De hecho, actualmente está realizando fuertes inversiones en materia de infraestructura y está otorgando importante líneas de crédito a varios países de la región; a la  vez que incrementa su presencia en áreas estratégicas como los hidrocarburos y las telecomunicaciones. De igual forma, esto ha servido a algunos países latinoamericanos para atenuar su dependencia económica con los Estados Unidos y disponer de un mayor margen de maniobra en las negociaciones comerciales y políticas con el gobierno norteamericano.

Por su parte, la administración de Barack Obama con su declarada dostrina “pivote a Asia”, está tratando de reorientar parte de sus estrategias en política exterior hacia la consolidación de las relaciones con sus socios de la región del Asia Pacífico. No es de sorprenderse este giro en la política americana, pues esta región es una zona con gran dinamismo económico que ha venido creciendo considerablemente en las últimas décadas y que representa un interesante mercado con gran poder adquisitivo en el cual muchos países desean un mejor posicionamiento internacional. Además, el TPP podría funcionar como un mecanismo pacífico para reasegurar el compromiso de los Estados Unidos con sus aliados asiáticos y servir de contrapeso a las tensiones que algunos de éstos tienen con China.

Por otro lado, en el marco de la APEC, China quiere revitalizar su participación en la zona a través de atractivos incentivos y mecanismos de cooperación económica, energética y militar. En cierto modo, a los chinos le han beneficiado las tensiones en Ucrania, el avance del Estado Islámico en Irak y Siria y aquellos problemas generados durante la primavera árabe, debido a que son acontecimientos que tienen un impacto en importantes áreas de interés para los Estados Unidos y que lo desvían o lo fuerzan a atenuar su política en el Asia Pacífico.

Dos gigantes están en una pugna silente pero evidente por la región del Asia Pacífico. Ambos quieren asegurar sus áreas de influencia, a la vez que desean expandirse sigilosamente hacia el otro extremo del Océano Pacífico sin entrar en confrontaciones irreparables. La relación chino-americana es unas de las más trascendentales en la esfera internacional; es una relación marcada por grandes diferencias sistémicas y políticas pero también basada en una gran interdependencia económica que constituye un factor esencial en la estabilidad y en el desarrollo del orden mundial.

Será importante seguir de cerca el papel de estos dos mega-países, así como la política que desarrollarán las naciones asiáticas y latinoamericanas con intereses en el Asia Pacífico; ya que es una ocasión en la que pequeños y medianos Estados de ambos continente pueden tener una mejor posición de negociación como actores claves regionales que les permita garantizar mejores beneficios para sus poblaciones y para sus economías. Muchos de éstos países cuentan con acuerdos bilaterales de libre comercio ya sea con Estados Unidos o con China, por lo que la perspectiva de un acuerdo regional en la zona les daría entrada a un mercado más grande a la vez que se consolidan como socios estratégicos de Estados Unidos y/o de China.

En ambas costas del Océano Pacífico los gigantes han despertado y están ávidos por cruzar los mares que los separan de sus nuevos mercados.

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