La nueva relación Rusia-China

A la certera frase del escritor George Santayana en la que expresaba «Aquellos que no recuerdan el pasado, están condenados a repetirlo»; considero se le pudiera añadir que hay ciertos países que precisamente porque conocen su historia y porque en el pasado fueron grandes potencias, desean revivir o al menos intentar rescatar el esplendor, la fortaleza o el poder que tuvieron en determinada época.

China y Rusia son países que encajarían en este segundo criterio, pues ambas naciones tienen una tradición histórica de imperios y sistemas estatales fuertes que han llegado a tener gran influencia a nivel regional y proyección mundial; y todavía hoy en día, cada uno, con sus acciones intentan alterar a su favor los límites del orden internacional para recordarles al mundo que todavía son potencias.

Por eso, la relación sino-rusa es un fenómeno particular en el mundo de las relaciones internacionales de estas dos importantes potencias contemporáneas, coexisten al unísono la estrecha cooperación con una mutua desconfianza. Ambas naciones desarrollaron modelos y sistemas políticos, económicos, ideológicos y militares bastantes similares que se contraponían a los existentes en el mundo liberal occidental, pero con intereses geopolíticos a veces encontrados.

Así mismo, tienen una tradición histórica de ejercer una gran influencia a nivel regional, sobre todo en lo que respecta a la extensión de su presencia en las zonas colindantes con sus fronteras, a través del establecimiento de relaciones asimétricas con países de interés geopolítico, por medio de acuerdos de cooperación, acuerdos militares, proyectos de infraestructura, importantes financiamientos e inclusive el uso o amenaza de la fuerza.

Sin embargo, aunque a veces las esferas de influencia de ambos se sobreponen, estos países evitan confrontaciones, pues están conscientes que la subsistencia de uno es vital para el rol del otro en el orden internacional. Como consecuencia, destaca la cooperación en asuntos internacionales de interés estratégico, a través de la adopción de posiciones conjuntas en las votaciones de los organismos internacionales, en especial el uso del veto en resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU que pudieran poner en dificultad o peligro los intereses geopolíticos de ambas potencias, como sucedió recientemente en el caso de la Guerra Civil Siria y la anexión de Crimea.

De hecho, durante muchos años la relación sino-rusa ha funcionado para Rusia como un medio para tener mayor poder de negociación con los países Europeos y aliviar la dependencia de su comercio exterior y relaciones financieras con el Occidente; mientras que para China ha sido una vía indirecta para inquietar la agenda de la política exterior del gobierno norteamericano y poder disponer de cierto margen de reserva en la negociaciones con los Estados Unidos y diversificar sus relaciones en Asia Central.

Es por este motivo que, cuando los efectos de la crisis económica-financiera de 2008 así como las sanciones del conflicto en Ucrania y la caída del precio del petróleo comenzaron a crear grandes estragos en la economía de Rusia; la relación sino-rusa registró su mayor impulso, pues el gobierno ruso se vio en la necesidad de recurrir a su contraparte asiática para contrarrestar las pérdidas en su economía por concepto de las restricciones de su comercio exterior y fuentes de financiamiento y ésta lo respaldó.

De acuerdo con el informe » A “Soft Alliance”? Russia-China Relations After the Ukraine Crisis» del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores, este acercamiento conllevará fuertes elementos de cohesión entre ambas naciones que les permitirá tener un mayor peso a nivel regional e internacional, pues sus economías estarán más integradas en los sectores energéticos, financieros y desarrollo de infraestructura. Además, las negociaciones bilaterales serán en gran parte en monedas nacionales; y los bancos chinos otorgarán financiamientos a las empresas estatales rusas y éstas podrán disponer de liquidez y cotizar en las bolsas de valores chinas.

A su vez, el informe menciona que con el acercamiento entre ambos países, Rusia obtuvo líneas de financiamiento chinas cuyas modalidades de pago se basan en el suministro de energía al gigante asiático por determinado volumen y durante años.  En este contexto, alcanzaron importantes acuerdos para la construcción de nuevos gaseoductos y oleoductos.

Esta alianza, si bien no es equiparable al peso de la relación energética entre Rusia y la Unión Europea, representa para los rusos una alternativa de ingresos que permitirá mitigar un poco los efectos de las sanciones de Occidente y la dependencia de su comercio exterior y fuentes de financiamiento con esa región así como ampliar su presencia en el mercado chino. Por su parte, China garantizará parte de sus necesidades  y reservas energéticas y tendríá una alternativa a los suministros a través de los ductos provenientes de África y de Medio Oriente en las que Estados Unidos tiene una influencia indirecta en ese suministro.

Sin embargo, el estrechamiento de estas relaciones también podría representar un punto de cambio de una relación de interdependencia hacia una relación de dependencia asimétrica, en la que China puede desempeñar un papel de mayor peso; pues los chinos no sólo tendrían acceso a los sectores estratégicos de la economía rusa lo cual se podría traducir en una mayor influencia indirecta política y económica al estar fuertemente condicionado por los intereses, niveles de consumos energéticos y financiamientos del país asiático.  En este sentido, los rusos deberán ser muy atentos en evitar que se agudice la asimetría con los chinos o que pase de ser una situación coyuntural a un evento permanente que refuerce la referida dependencia asimétrica.

De hecho, estas particularidades y riesgos intrínsecos son los que convierten a las relaciones sino-rusas en un interesante objeto de estudio de las relaciones internacionales y la geopolítica: pues muestra el complejo acercamiento de dos importantes actores globales, con gran potencial económico, fuertes tendencias expansionistas, creciente intereses geopolíticos y considerables recursos militares, así como con gran poder de influencia en los países emergentes en todos los continentes.

Por ello, es muy probable que el acercamiento sino-ruso refuerce las posturas conjuntas en asuntos internacionales, sobre todo en lo referente a la región Euroasiática, y se sigan produciendo bloqueos a determinadas resoluciones promovidas por los organismos internacionales que afecten los intereses chinos o rusos.

Es por este motivo que será importante el desarrollo de estrategias eficientes que contengan los planes expansionistas o agresiones de Rusia pero que no promuevan indirectamente un mayor acercamiento o la hagan demasiado dependiente de China.  En este sentido, los Estados Unidos y la Unión Europea deberán seguir de cerca la evolución de esta relación para delimitar los intentos de expansión y de coacción tanto de China como Rusia, o de ambas inclusive, que puedan poner en riesgo el orden internacional y el cumplimiento de los principios del derecho internacional, o puedan estimular una fuerte alianza o mayor interdependencia entre estas dos potencias no democráticas.

Referencia: «A “Soft Alliance”? Russia-China Relations After the Ukraine Crisis» European Council on Foreign Relations  http://www.ecfr.eu/publications/summary/a_soft_alliance_russia_china_relations_after_the_ukraine_crisis331

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