La VII Cumbre de las Américas suscitó gran interés en la comunidad internacional, pues sería el marco en el que se desarrollarían acontecimientos trascendentales para la región. En primer lugar, Cuba participaría por primera vez en este foro de Jefes de Estados y de Gobierno del continente americano; en segundo lugar, los presidentes de Estados Unidos y Cuba se reunirían por primera después del restablecimiento de relaciones entre ambos países; en tercero, todos los países de América se encontrarían reunidos para discutir sobre los retos de la región y estarían invitados representantes de la sociedad civil de esos países para aportar sus análisis y recomendaciones.
La participación de Cuba en este foro se debió principalmente a dos factores: el primero, a la presión diplomática constante hecha por el grupo de países latinoamericanos cercanos al régimen cubano identificados en la corriente del llamado socialismo del siglo XXI; segundo, y quizás la más importante, el visto bueno por parte de Estados Unidos a que Cuba estuviera en la Cumbre, producto en gran medida al acercamiento en las relaciones entre ambos países en los últimos meses y bajo condición de que la sociedad civil cubana pudiera participar en el foro.
En esta Cumbre, las declaraciones de Obama durante la sesión plenaria se enfocaron en la promoción de una relación igualitaria con América Latina, a través de un llamado a “liberarse de viejos argumentos y resentimientos del pasado” para desarrollar un futuro próspero en la región. En el tema específico de Cuba, Obama resaltó el interés de los Estados Unidos en establecer mecanismos de diálogo que lleven a un empoderamiento del pueblo cubano a través del acceso a la tecnología, la información y el internet. De igual forma, destacó las potencialidades en materia cooperación económica, cultural y de inversiones con la isla; y de las propuestas hechas al Congreso estadounidense para eliminar el embargo.
Por su parte, la participación de Raúl Castro fue una mezcla de remembranza histórica en contra del imperialismo norteamericano y de empatía hacia la administración de Obama, al cual llegó a describir como un hombre honesto que no era culpable de las acciones de los gobiernos antecesores. En un discurso que duró el triple o cuádruple del tiempo oficial establecido para cada participante, Castro hizo el tradicional recuentro de las llamadas fatalidades históricas de Cuba en materia de independencia y reiteró sus planteamientos sobre la influencia de los Estados Unidos en América Latina. A su vez, a la par que mencionaba que estaba abierto al diálogo, aprovechaba la ocasión para exigir el fin del embargo, la eliminación de Cuba de la lista de países patrocinadores del terrorismo, el cierre de la base de Guantánamo y la independencia de Puerto Rico. En realidad expuso un conjunto de declaraciones peculiares y poco sutiles, que nos recuerdan que en el reciente restablecimiento de relaciones diplomáticas el resentimiento y la hostilidad hacia los Estados Unidos permanecen latentes en cada uso reiterado de los adjetivos imperialista, injerencista y capitalista.
Por otra parte, durante el encuentro que ambos mandatarios sostuvieron frente a la prensa internacional se pudo observar un clima de cordialidad, pero se puede percibir que el camino hacia la normalización es largo y queda por ver si la cordialidad se mantendrá cuando se aborden temas trascendentales para el futuro de Cuba y el desarrollo de las relaciones bilaterales tales como: el respeto a la libertad de expresión, de manifestación y de asociación dentro de la isla; la pluralización del sistema político cubano; el empoderamiento económico y político de la población cubana; el acceso a internet, la apertura de la prensa nacional; las negociaciones relacionadas con la base Guantánamo y el levantamiento del embargo.
Por último, esta Cumbre no estuvo solamente marcada por las fotos y los apretones de manos entre ambos mandatarios sino también por los intentos de represión que sufrió la sociedad civil cubana a manos de la “sociedad civil” oficialista a plena vista de la comunidad latinoamericana, de la prensa internacional y de la delegación de los Estados Unidos. La cordialidad está puesta sobre mesa de negociación pero será importante observar cuidadosamente qué ocurrirá por debajo de la misma y dentro de la frontera de ambos países.