Durante la Sesión Plenaria de la Cumbre de las Américas, los Jefes de Estado y de Gobierno exaltaron el acercamiento entre los Estados Unidos y Cuba, los progresos en el acuerdo de paz entre el Gobierno Colombiano y las FARC. A su vez, abordaron los principales retos del continente tales como: la desigualdad y la inclusión social, la pobreza, la inseguridad, el narcotráfico, la educación, la emigración, el desempleo, el empoderamiento de la clase media, los problemas medioambientales, el cambio climático, la seguridad energética y las energías renovables.
Además, en sus diferentes intervenciones los líderes americanos plantearon la necesidad de crear un sistema interamericano de educación que permitiera elevar y homogenizar los estándares de calidad educativa regional e incrementar el acceso de la población a este sector. Así mismo, se hizo énfasis en el desarrollo de nuevas estrategias para combatir el narcotráfico y la inseguridad en la región, así como en la necesidad de políticas conjuntas con los países desarrollados para prevenir y disminuir el consumo de droga y el lavado de dinero procedente del narcotráfico.
De igual forma, para la gran mayoría de los países latinoamericanos la pobreza y la desigualdad social fueron considerados unos de los principales elementos de rezago social en el continente, por lo que reconocieron sería muy importante establecer programas a largo plazo que promuevan el empoderamiento de la poblaciones a través de empleos bien remunerados, condiciones sociales dignas, y sistemas de justicia y de transparencia que combatan la corrupción y la impunidad.
Sin embargo, el análisis de los desafíos continentales y la búsqueda de soluciones conjuntas para un futuro próspero en el continente, se vio opacada por declaraciones enfocadas en la fatalidad histórica de América Latina y en la llamada “injerencia del imperio estadounidense”, así como la condena a las sanciones norteamericanas a funcionarios venezolanos.
Si bien es cierto que desde su creación América Latina ha tenido una historia complicada y difícil en la geopolítica mundial, pues la región fue colonia española, portuguesa y francesa por varios siglos; sufrió los efectos de la doctrina Monroe, la fuerte penetración del capital norteamericano en los principales sectores de la economía latinoamericana e incluso algunas intervenciones militares y el apoyo a dictaduras militares de derecha; y además durante la Guerra Fría constituyó un escenario importante en el cual los Estados Unidos y la Unión Soviética proyectaron sus áreas de influencia e intentaron llevar a cabo guerras de baja intensidad.
De hecho, muchos gobernantes latinoamericanos continúan manipulando la llamada existencia una deuda histórica de los países colonizadores hacia sus colonias. Quizás este tipo de reclamaciones serían un poco más comprensible en países africanos que lograron alcanzar la independencia hace menos de un siglo; pero hacer recaer culpas sobre el sistema colonial de los años 1800 acerca de las crisis o retos latinoamericanos del siglo XXI, es como si Estados Unidos o Canadá, señalaran que los actuales problemas internos de sus respectivos sistemas (crisis financiera, narcotráfico, terrorismo, etc) son a causa de su herencia como colonias inglesas y francesas.
El rezago actual de América Latina en cuestiones de educación, inclusión social, tecnología, seguridad y desarrollo económico está más relacionado con las políticas públicas desarrolladas por los gobiernos latinoamericanos de las últimas décadas, que por las guerras de independencia que se acabaron hace más de 150 años o por la Guerra Fría que finalizo oficialmente hace un cuarto de siglo. Líderes como Lula y Rousseff en Brasil; Chávez y Maduro en Venezuela; los Kirchner en Argentina; y los repetidos mandatos de Correa en Ecuador y de Evo Morales en Bolivia, han moldeado la política latinoamericana en estos quince años y por lo tanto, han sido sus políticas y sus programas los que más han influenciado los éxitos y los fracasos dentro de sus respectivas naciones.
Incluso, el caso de corrupción de Petrobras en Brasil, las manifestaciones indígenas en Bolivia, las limitaciones a la libertad de prensa en Ecuador, la crisis social y económica de Venezuela y el caso Nisman en Argentina, entre otros, han tenido lugar durante los mandatos de muchos de los presidente que participaron en esta Cumbre y que llevan más de un mandato en el poder.
Los gobiernos de América Latina deben hacer las paces con su pasado, asumir su presente y comenzar a proyectarse hacia el futuro con modelos políticos, económicos y sociales incluyentes, tolerantes y transparentes que permitan combinar el desarrollo integral de su población con la incorporación al mundo globalizado, a partir de estrategias basadas en la cooperación y en la interdependencias con otros países y bloques regionales.