Durante la sesión plenaria de la Cumbre de la Américas varios países, en especial los cercanos o exponentes del llamado socialismo del siglo XXI, hicieron mención de la injerencia histórica de Estados Unidos en el continente. Sin embargo, en este siglo XXI la política exterior de Estados Unidos, sobre todo desde los atentados del 11 de septiembre, se ha enfocado más hacia regiones como el Medio Oriente y Asia, que en América Latina. De hecho la administración Obama, con la promoción del pivote Asia, el retiro de tropas de Irak y Afganistán y el desarrollo de mecanismos multilaterales de cooperación, ha disminuido considerablemente su participación en América Latina.
Aunque Estados Unidos continua siendo un socio comercial estratégico para la zona, la geopolítica continental ha cambiado en las últimas décadas. Esto se debe al empoderamiento regional de países con gobiernos de corte nacionalistas y antiamericanos como son Venezuela, Ecuador, Nicaragua y Bolivia, que también han encontrado simpatizantes en los líderes de países como Argentina y Brasil.
De igual forma, Cuba ha tenido una participación clave en el equilibrio regional mediante la canalización de sus proyectos económicos e ideológicos para América Latina a través de la difusión del Socialismo del Siglo XXI en diversas naciones latinas; y en especial, con su intromisión e injerencia en los asuntos internos de Venezuela.
Todo lo anterior aunado a las inversiones de China, Rusia y de la Unión Europea en América Latina ha permitido por una parte, una mayor diversificación de las relaciones económicas latinoamericanas respecto a los Estados Unidos; y por otra, una expansión paulatina de la presencia de dichas naciones en la zona “natural” de influencia de los Estados Unidos.
A su vez, el cuadro de “imperialismo injerencista” dibujado por muchos líderes latinoamericanos contrasta con el hecho de que en lo que va del siglo XXI la participación de Venezuela (asesorada por el aparato estatal cubano) en los asuntos internos de países latinoamericanos ha ido intensificándose progresivamente.
Sin embargo, en la Cumbre ningún país hizo mención acerca de cómo Cuba y Venezuela han ido ampliado sus esferas de influencia regional a través de una formula muy fuerte basada en el suministro de petróleo venezolano y la implementación de programas de asistencia social cubanos a naciones latinoamericanas y caribeñas cercanas a ambos regímenes. No se hizo mención de la existencia de un bloque de países “petro-aliados” que apoyan el establecimiento de posturas conjuntas para controlar o condicionar a organismos regionales como la OEA y la CELAC, y que abogan por un sistema americano que de ser posible excluya la participación de los Estados Unidos y Canadá.
Por su parte, la participación de Obama en la Cumbre se concentró en enfatizar la necesidad de dejar atrás resentimientos históricos y buscar la promoción de un cambio que permita potencializar las relaciones con los países de la región en un plano de igualdad. No obstante, el acercamiento con Cuba o las estrategias de cooperación, empoderamiento e impulso al desarrollo latinoamericano propuestas por el presidente norteamericano, chocaron contra los oídos sordos de ciertos líderes latinoamericanos que prefieren seguir buscando en el pasado y en terceros las razones de la ineficiencia y el subdesarrollo actual de sus propios sistemas.
De igual forma, Obama recalcó la importancia de la participación de la sociedad civil en la vida política de las naciones, la promoción de los derechos humanos, el respeto a la libertad de expresión y de prensa y la crítica hacia los países que en los que existen los presos políticos.
Quizás es tiempo de que Estados Unidos se plantee una estrategia particular hacia América Latina. Se coopere o se interfiera, América Latina nunca se estará satisfecha con el papel del Estados Unidos en la región.
El Presidente Correa declaró en su intervención que era hora de una segunda independencia de América Latina. Sin embargo, sería interesante ver el desempeño de la economía ecuatoriana sin las inversiones occidentales; la condición de los países centroamericanos sin los programas de ayuda económica americana; o el funcionamiento de los organismos regionales americanos sin las aportaciones de los Estados Unidos, o que sería de la depauperada economía venezolana sin los millonarios ingresos que obtienen diariamente por concepto de ventas de petróleo a nación norteamericana.
La gran mayoría de los gobernantes de América Latina deben mirar hacia el futuro, despojarse de complejos de inferioridad y buscar una relación de interdependencia y de coordinación más activa con Estados Unidos y Canadá. El orden internacional actual está mostrando tendencias hacia la formación de bloques regionales. Estados Unidos seguirá siendo una potencia, con o sin América Latina; pero es muy difícil saber el papel América Latina a nivel internacional sin una colaboración con los Estados Unidos, que incluso la pudiera hacer derivar o condicionar bajo los intereses o zonas de influencias más riesgosas como China y Rusia.