El gigante asiático se está moviendo nuevamente en la arena internacional; pero en esta ocasión China fija su mira en el sur-oeste Asiático, en particular en Afganistán y Pakistán; dos países caracterizados por inestables sistemas políticos y frágiles economías, pero con alto valor geopolítico en la región y en especial en la política exterior de los Estados Unidos en esta área estratégica.
En los últimos años, China se ha convertido en un socio comercial de peso para ambos países. Esto se debe a que la participación del gobierno chino en Afganistán y en Pakistán está adoptando un enfoque más orientado hacia el ámbito diplomático y económico militar, en el que juegan un papel preponderante el acercamiento de las relaciones bilaterales, la inyección de inversiones chinas en los sectores de la minería y demás recursos naturales, el comercio de armamentos y el desarrollo de proyectos de infraestructuras estratégicas que podrían potencializar a la zona en un corto y mediano plazo.
Respecto a Afganistán, el gobierno chino tiene importantes intereses en la minería y en la explotación de recursos naturales como el petróleo y el cobre; por lo que está dando prioridad a la realización de proyectos que simplifiquen el transporte de energía de una región a otra. A su vez, la relación sino-pakistaní se enfoca más en la cooperación en materia de seguridad y en el comercio de armas. Cabe destacar que el 50% del armamento pakistaní es de origen chino; lo cual se debe en gran parte al interés de ambos países en contener el desarrollo de India como actor regional emergente y evitar que logre convertirse en una potencia regional capaz de llegar a contener la expansión china.
Sin embargo, aunque China ha aumentado su presencia en la zona, los Estados Unidos constituyen el principal socio político y militar de Afganistán y Pakistán, por lo que se podría decir que en la actualidad, se pudiera desarrollar un fenómeno de influencias complementarias de los Estados Unidos y China respecto a esta zona.
Por una parte, los Estados Unidos y sus aliados además de ser los principales garantes de la seguridad del estado afgano y del pakistaní, y desempeñar un papel decisivo en el desarrollo de los procesos de estabilización de ambas naciones a través de la presencia de tropas, del combate al terrorismo y del debilitamiento de los talibanes; a su vez, son los mayores emisores de ayuda humanitaria y de programas de financiamientos en la región, lo cual ha ayudado al gobierno afgano y al pakistaní a sobrellevar las profundas dificultades económicas causadas por la guerra, el terrorismo y el narcotráfico.
Por la otra parte , en una época en la que los Estados Unidos ha comenzado a sentir el peso y el desgaste de más de una década de guerra en Irak y Afganistán que en gran medida ha determinado los planes de retirada paulatina de la zona; la participación de China, en el corto plazo, podría ser como una válvula de escape tanto para los gobiernos occidentales como para el gobierno afgano y pakistaní; ya que China representaría una potencia internacional alterna que podría ayudar a estabilizar económicamente a estos países, mientras que los Estados Unidos y la OTAN se concentrarían en contribuir a la estabilización en materia de seguridad.
Es una situación a la cual debe darse seguimiento, ya que las consecuencias a largo plazo de la presencia de los intereses chinos en una zona históricamente inestable y de gran importancia geopolítica para los Estados Unidos todavía son inciertas.
La participación en la Ruta de la Seda.
Para el gigante asiático, Afganistán y Pakistán constituyen importantes puntos de conexión que servirían para potencializar sus aspiraciones de desarrollar la llamada nueva Ruta de la Seda tanto a nivel terrestre como marítimo. A través de estos dos países China podría extender considerablemente sus zonas de influencias económicas con diferentes regiones.
Por un parte, Afganistán podría funcionar como un corredor terrestre con nuevas vías férreas y carreteras que conectarían a China con el Medio Oriente, Euro Asía y posteriormente Europa. En cambio, con los proyectos para desarrollar una línea de ferrocarril entre la frontera china y el puerto de Gwadar en Pakistán, China tendría una vía de acceso rápida y alternativa al Océano Índico que le permitiría agilizar y potenciar el tránsito de la Ruta de la Seda Marítima, a la par que lograría una mayor influencia económico, comercial y geopolítica en esa región.
Con estos proyectos complementarios para el desarrollo de la Ruta de la Seda Marítima, el gigante asiático podría acceder a Europa a través del Mar Rojo y el Canal de Suez; así como potenciar sus relaciones económicas con los países petroleros árabes del Golfo Pérsico (Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Yemen y Omán) y Egipto; a la vez que se facilitarían considerablemente las comunicaciones con el continente africano que constituye una región estratégica en el suministro de materias primas y de recursos naturales hacia China.
Pekín como un experto conocedor del juego de damas chinas está estratégicamente acomodando sus piezas para llegar al otro lado del tablero de la geopolítica.