La reciente invitación del Presidente de México Enrique Peña Nieto a los dos candidatos presidenciales de Estados Unidos ha suscitado una amplia gama de reacciones en las comunidades de ambos países, sobre todo debido a la pronta materialización de la visita del candidato republicano Donald J. Trump.
En general, diversos miembros de la comunidad intelectual y política mexicana han expresado su inconformidad, descontento e indignación con la visita que se celebró el día de hoy, pues se trata de un candidato que ha manifestado en reiteradas ocasiones posturas con tintes hostiles hacia la comunidad latina en Estados Unidos, específicamente la mexicana.
Durante su campaña electoral, Donald Trump ha hecho mención a la posible construcción de un muro en la frontera mexicana-estadounidense, la deportación masiva de migrantes indocumentados e inclusive ha realizado declaraciones que estereotipaban a los mexicanos residentes en los Estados Unidos como violadores y delincuentes.
¿Por qué el Gobierno Mexicano invitaría a un personaje tan polémico, sobretodo siendo México históricamente una nación que evita pronunciarse acerca de la política interna de otros estados?
En primer lugar, es importante tener presente que el proceso electoral y el futuro político de los Estados Unidos constituye un asunto de interés para la política interna de Mexico; pues los Estados Unidos son el principal socio comercial y político del país; asimismo el vecino norteamericano alberga la mayor comunidad de mexicanos en el extranjero y comparte miles de kilómetros de frontera a través de la cual diariamente circulan millones de personas y productos.
Sin embargo, uno de los principales motivos de la invitación podría deberse a la percepción por parte del Gobierno Mexicano de que existe una posibilidad real de victoria por parte del candidato republicano en las elecciones de Noviembre.
Si bien las declaraciones en el marco de la rueda de prensa se enfocaron en resaltar la importancia de la relación bilateral, es probable que la Presidencia de Peña Nieto haya intentado pre-negociar la suavización de ciertas posturas de la plataforma republicana en materia de migración, seguridad y comercio exterior para tratar de contener el efecto que una victoria de Trump podría generar para la comunidad mexicana en los Estados Unidos y para la relación bilateral.
Sin embargo, la Presidencia ha tomado un gran riesgo político al invitar a Trump a México, debido a que se trató de la recepción de una figura que es percibida por una considerable parte de la población mexicana como una contraparte hostil y xenofóbica.
De igual forma, la materialización de la visita del candidato republicano antes de una visita por parte de Hillary Clinton, podría ser considerado como con un desaire político hacia los demócratas que se han mostrados más proclives a políticas de regularización de los migrantes indocumentados que viven en los Estados Unidos.
Por su parte, el principal beneficiado ha sido Donald Trump, a quién la invitación de Peña Nieto y la visita en sí, le ha otorgado un nuevo respaldo mediático que le ha servido como plataforma de ensayo en materia internacional para un posible futuro rol como máximo representante de los Estados Unidos. Asimismo, el encuentro le dio el impulso para relanzar su plataforma migratoria a con mayor intensidad, reiterando el plan para la construcción del muro y el pago del mismo a costa del gobierno de México.