Elecciones presidenciales 2016: Democracía, polarización y retos estructurales

En menos de 24 horas, se elegirá al próximo líder de lo que es considerada actualmente la primera potencia política y económica del mundo. La decisión quedará en manos de millones de votantes estadounidenses que tendrán la difícil tarea de elegir a Hillary Clinton o a Donald Trump como presidente o presidenta para los próximos cuatros años.

Decimos difícil decisión porque las elecciones presidenciales de 2016 han tenido como preámbulo una singular contienda electoral que ha roto los esquemas tradicionales de las campañas políticas en los Estados Unidos. Esto se debe a que ha sido un proceso marcado por sacudidas al interior de los partidos, dudas acerca de la credibilidad e integridad de los candidatos, falta de transparencia y polarización social.

El statu-quo partidista se sacude.

6261650491_0cd6c701bb_zLas primarias representaron un largo camino para los dos principales partidos norteamericanos, ya que se dieron escándalos, desgastes y fracturas al interior de cada uno.

El partido republicano, contra todo pronóstico, terminó siendo representado por un magnate, outsider, autoritario, irreverente y volátil que si bien tenía gran capacidad de atracción de votos, no reflejaba ni los valores ni la esencia histórica de la institución. De hecho, a medida que avanzaba la contienda varios políticos republicanos se fueron viendo ante el dilema de respaldar a un candidato con el que no se identificaban pero que era el candidato elegido por las bases del partido al que ellos pertenecían.

Por su parte, la Convención Nacional Demócrata constituyó un momento de tensión para el Partido Demócrata, a causa de la filtración de correos en los que las cúpulas del Partido mostraban preferencia hacia Hillary Clinton en detrimento del progresista Bernie Sanders. Al final Sanders apoyaría a Clinton, quien sería la primera candidata mujer a la Presidencia de los Estados; sin embargo, la confianza de las bases hacia la cúpula del partido ya no sería la misma.

Credibilidad y Transparencia.

En este ámbito ambos candidatos presentan problemas de credibilidad y de transparencia. Por una parte, el candidato republicano ha recibido fuertes críticas ante su negativa de hacer pública su declaración de impuestos y patrimonial para esclarecer si ha cumplido con sus obligaciones fiscales o si podría tener algún conflicto de interés a causa de sus negocios con empresas de otros países e incluso tener una idea más realista sobre la realidad económica del llamado imperio inmobiliario Trump y por ende de su imagen como inversionista exitoso. (Por ejemplo: posibles deudas, bancarrotas, hipótecas o nexos con bancos rusos o chinos).

Por su parte, la imagen de Clinton también se ha visto muy afectada durante esta campaña por los envíos de correos, algunos de posible contenido clasificado, a través de un servidor privado durante su tiempo como Secretaria del Departamento de Estado; la destrucción de un grupo de celulares de su equipo de colaboradores, la decisión de muchos de estos colaboradores de no declarar (durante la celebración de audiencia ante las sesiones del Congreso invocando la protección de la quinta enmienda constitucional, parte de la llamada Carta de Derechos),  así como la posibilidad de que hubiera podido favorecer intereses de donantes y miembros claves de la Fundación Clinton durante el mismo período.

Polarización.

Quizás uno de los elementos más preocupantes de la contienda electoral es la polarización que se ha generado en la población americana. Durante esta campaña se han exacerbado diferencias étnicas y religiosas de la sociedad; la xenofobia ha sido utilizada como herramienta para la atracción de votos; mientras que las diferencias políticas se han traducido en hostilidad hacia el grupo contrario, y hacia aquellos que difieran.

Gran parte de este proceso se debe a la estrategia discursiva utilizada por Trump, quién se ha caracterizado por discursos xenofóbicos contra los mexicanos, los inmigrantes hispanos y el islamismo. Asimismo, ha querido caracterizar a la política como aquellos que están con él y los malos que están contra él; promoviendo así la imagen de un sistema dañado y en declive que solamente él, como potencial e inaudito mesías, puede y debe arreglar.

Trump con sus discursos, voluntaria o involuntariamente, ha favorecido la división en una de las naciones más plurales del mundo, ha creado desconfianza y cierta radicalización en la política  interna de un país históricamente seguro de su sistema democrático.  Durante esta campaña, la polarización ha comenzado a mermar la democracia americana y es posible que sus repercusiones se sientan aún después de concluido el proceso electoral.

Retos estructurales.badge-686325_1280

La persona que sea elegida hoy como Presidente o Presidenta de los Estados Unidos tendrá la responsabilidad de abordar retos estructurales como el desempleo, la desigualdad social, el acceso a la salud y a la educación universitaria, la impartición de justicia, la recaudación fiscal, la deuda nacional y la política y el sistema de inmigración en general.

En estos ámbitos las diferencias entre ambos candidatos son considerables.

Por una parte, Clinton propone una mayor inversión en el gasto público para la reactivación de la economía, en especial en los sectores infraestructura y energías renovables, la restructuración del sistema de recaudación fiscal para reducir la carga de la clase media y exigir mayor aporte a la clases más ricas, la renovación de Obamacare para ampliar la cobertura de salud y mitigar los errores en su funcionamiento; así como, la reducción de las deudas estudiantiles y la disminución de los costos de la educación superior. Asimismo, aborda la necesidad de mejorar el sistema de justicia, del sistema migratorio y la disminución del consumo de armas.

Por su parte, el candidato republicano plantea la necesidad de una reducción significativa del gasto público, la disminución de los impuestos, la creación de empleos y el retorno de empresas; la renegociación del TLCAN y la cancelación de las negociaciones del TTP; la restructuración del sistema de salud y la posible eliminación de Obamacare; el fortalecimiento de la policía, la modernización del armamento y de la segunda enmienda.

Sin embargo, independientemente de quien resulte el nuevo Presidente de los EEUU, éste deberá considerar el desarrollo de estrategias para revitalizar las zonas rurales y las zonas urbanas afectadas por la crisis económica de 2008 o rezagadas por la globalización. Así mismo, tendrá que decidir si renovar/restructurar el Obamacare o desecharlo para crear un sistema nuevo más eficiente; deberá fortalecer el sistema de justicia e intentar disminuir los problemas de detenciones arbitrarias en base a raza o nacionalidad. A su vez, tendrá el reto de unir a la sociedad después de las divisiones creadas durante estas elecciones y recomponer el tejido social, en especial, las relaciones de algunas comunidades con las fuerzas del orden.

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