En la política mexicana ningún personaje está 100% muerto y el día de ayer se comprobó que, cuando existe un interés o propósito específico, la resucitación o restauración de políticos está más vigente que nunca.
La victoria de Donald J. Trump en las elecciones presidenciales estadounidenses y la incertidumbre que su triunfo genera para la relación bilateral entre México y Estados Unidos han relanzado la figura de Luis Videgaray en los primeros planos del poder político mexicano.
Ayer, el Presidente Peña Nieto comunicó oficialmente lo que ya se comentaba en los pasillos del poder, el regreso del ex -Secretario de Hacienda a la cúpula del poder mexicano pero en el estratégica función de Secretario de Relaciones Exteriores, convirtiéndose así en el principal encargado de las relaciones del Estado Mexicano con el mundo y en especial con los Estados Unidos.
La relación con los Estados Unidos, además de por su condición geográfica de países vecinos con extensa frontera común, es de particular importancia para el Gobierno Mexicano dadas las características de su economía y del volumen del comercio entre ambos países, la cooperación en materia de seguridad y de combate al narcotráfico, así como el número de mexicanos que residen (legal e ilegalmente) en los Estados Unidos y que además son los emisores de una de las principales fuentes de ingresos del país: las remesas familiares.
Hace apenas 4 meses, Videragay había sido destituido de la Secretaría de Hacienda a causa de la ola de indignación nacional que generó la visita de Trump a México el pasado mes de agosto 2016; visita de la cual él había sido el principal promotor.
Sin embargo, ante la incertidumbre que la administración Trump genera para la relación bilateral, Peña Nieto ha recurrido a uno de sus hombres confianza política y personal que no sólo había promovido el acercamiento con el magnate americano en plena campaña electoral aún cuando las tendencias en ese momento favorecían a la candidata Clinton, sino que además cuenta con cierta simpatía y respeto de Trump, de modo que pueda ser el principal interlocutor del Gobierno Mexicano con los Estados Unidos.
Videgaray, quién ha reconocido que no cuenta con experiencia diplomática, será una pieza clave en aspectos tales como: las relaciones políticas Estados Unidos-México, las negociaciones que puedan surgir en torno al TLCAN, las inversiones estadounidenses en México, la construcción del muro fronterizo, el trato a los migrantes mexicanos, la cooperación bilateral en materia de seguridad y lucha contra el narcotráfico, entre otros. Además, que tendrá a su cargo la política exterior mexicana con el resto del mundo.
Los próximos meses irán perfilando si la designación de un hombre “afín” a Trump será suficiente para crear las condiciones para una mejor relación bilateral con los Estados Unidos y al menos intentar suavizar ciertas posturas de la plataforma del presidente republicano en materia de migración, seguridad y comercio exterior que pudieran afectar directamente a México y a la comunidad mexicana en los Estados Unidos.
En caso positivo, el Gobierno mexicano habría conseguido un interlocutor estratégico cuya influencia podría inclusive verse reflejada en la contienda electoral mexicana del 2018. Sin embargo, en caso que Videgaray no sea capaz de materializar mejorías sustanciales en la relación bilateral o si continúa debilitándose la economía mexicana a consecuencia de los efectos de decisiones políticas en los Estados Unidos, existe la posibilidad que el descontento nacional hacia el sistema aumente y llegue a tener un costo político considerable para el PRI en el 2018.