By Clément Bucco-Lechat (Own work) [CC BY-SA 3.0 (https://creativecommons.org/licenses/by-sa/3.0)], via Wikimedia Commons

El futuro de los autos eléctricos pasa por China.

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El Gobierno Chino ha anunciado que a partir de 2019 se establecerán gradualmente cuotas mínimas obligatorias para la producción y/o importación de coches eléctricos e híbridos (10% en 2019 y 12% en 2020).  La medida parece estar impulsada por la preocupante contaminación ambiental  y la mala calidad del aire presente en las ciudades chinas, así como el deseo de  contar con alternativas a la gasolina que permitan disminuir la dependencia a los combustibles fósiles.

De igual forma, el cambio de estrategia responde a un plan de Estado lanzado por el gobierno chino en 2015 que tiene como objetivo convertir a China en líder mundial en diversas industrias del futuro, incluida la eléctrica-automotriz.  Si bien esta medida surge en el marco de una política doméstica, la misma tendrá seguramente repercusiones significativas en las industrias automotriz y energética global, debido a que China constituye el mayor mercado de coches del mundo.

Según datos aportados por Wall Street Journal (WSJ), en lo que va del siglo XXI, el gigante asiático pasó de contar con un millón de vehículos en el año 2000 a tener 24 millones en 2016. Además, actualmente las ventas en el mercado chino equivalen a dos tercios de las ventas globales de automóviles y a la mitad de las ventas mundiales de vehículos eléctricos.

Es por esto que, tomando en cuenta el tamaño del mercado y el deseo de garantizar su presencia en el mismo, las principales empresas de la industria automotriz han anunciado diversas estrategias para adaptarse a la nueva política de estado, aun cuando esto implique la aceleración o la transformación de sus modelos de producción.

Por otra parte, si bien es cierto que desde hace años la implementación y la promoción del uso de vehículos híbridos ha venido desarrollándose en países nórdicos como Finlandia y Noruega; la declaración de China (el país más poblado y la 2ª economía más grande del mundo) parece estar dando también un impulso estratégico a países como Reino Unido, Francia y la India para reforzar y agilizar medidas similares que podrían conducir a la reconfiguración de este mercado.

De hecho, el estudio “Riding the Energy Transition: Oil Beyond 2040” del Fondo Monetario Internacional (FMI) señala que las transiciones en un sector específico pueden verse considerablemente aceleradas si se cuenta con un impulso de Estado.

En el caso de China, además del sistema gradual de cuotas obligatorias en el mercado, el Gobierno ha tomado medidas como: el otorgamiento de subsidios a empresas nacionales, el cambio de la flota de autos públicos a vehículos eléctricos, la construcción de miles de punto de carga y la agilización de la emisión de placas vehiculares para autos eléctricos a la vez que en grandes ciudades se ha restringido considerablemente la emisión de placas para coches de combustión. (Wall Street Journal)

Por ello, se puede considerar que una política de Estado emitida por el Gobierno del mayor mercado automotriz del mundo podría desembocar en una nueva revolución del transporte y una futura restructuración del mercado energético; ya que según señala el estudio del FMI, el 57% de la demanda mundial del petróleo proviene de la industria del transporte, siendo éste el componente más crítico de la misma. Por lo que un aumento en el uso de vehículos que substituyan o requieran menos consumo gasolina podrían desencadenar, en el futuro, una disminución de la demanda mundial de combustibles fósiles y un aumento en el uso de fuentes de energía como el gas, la electricidad y el biodiesel.

Por último, es importante señalar cómo el Gobierno Chino con esta política ha identificado oportunamente al sector automotriz como un sector nacional en expansión y de gran peso en el mercado internacional, y de gran peso en la calidad de vida de la población y del medio ambiente, por lo cual, ha decidido apostar por el desarrollo de vehículos eléctricos que le podrían otorgar una ventaja comparativa respecto a otras potencias y de esta forma sentar las bases para lo que podría ser el futuro del transporte, del mercado automotriz y en consecuencia del mercado de la gasolina y de todo el sector energético.

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